¿Cómo construir una guía de estudio?

¿Cómo construir una guía de estudio?

Estudiar es una cuestión de organización del tiempo, entre otras cosas. Pero tener bien definido cuánto tiempo vas a dedicar a cada asignatura y cómo vas a organizarte para estudiar las materias más complejas tiene su miga. Por eso vamos a ver cómo crear una guía de estudio que potencie tu rendimiento.

 

¿Qué es una guía de estudio?

Una guía de estudio es un horario organizado que describe los tiempos dedicados a cada materia, así como tus objetivos en cuanto a aprendizaje. Como si se tratase de tu trabajo (de hecho, ¡lo es!), debes mantener un horario semanal que te permita estudiar los temas más difíciles en profundidad, y revisar los contenidos vistos con anterioridad para fijarlos en tu memoria.

La gestión del tiempo es todo un desafío, y esta es una buena oportunidad para aprender cómo aprovechar al máximo tus días. Seguro que además de las clases tienes otras cosas que hacer cada semana, como ir al gimnasio, hacer recados, incluso salir un rato a despejarte con amigos. También tendrás trabajos que realizar para tus asignaturas, y no está de más tener siempre presentes las fechas de los exámenes, aunque siempre parecen más lejanas de lo que son.

La fortaleza de disponer de una guía de estudio bien organizada es que aprenderás el valor del tiempo bien aprovechado. Así, te será más fácil completar tus trabajos académicos, estudiar para los exámenes, cumplir con cualquier otra tarea académica y, aun así, ¡descansar! Ten en cuenta que procurarse un buen descanso es tan importante como estudiar.

 

Cómo diseñar una guía de estudio paso a paso

Vamos a entrar ya en materia. ¿Cómo preparar una guía de estudios eficiente y que te permita sacar el máximo de ti mismo? Veremos unos pocos pasos que te servirán de ayuda. La clave de todo está en tener muy claros los objetivos y las prioridades:

 

Crear la lista definitiva de todas tus tareas semanales

Dividir el estudio en semanas es muy práctico porque todos tenemos un horario de clases bastante consolidado por semanas, tareas periódicas, clases de idiomas fuera de la universidad, etcétera.

Por eso, para organizar el estudio, haz una lista exhaustiva de todas las tareas para cada materia, qué deberías repasar cada semana, si hay trabajos o tareas entregables y todo lo que son ejercicios, pruebas, incluso a qué charlas o conferencias acudirás. El papel siempre ayuda a mantener una visión global de lo que te queda por delante.

 

Objetivos claros: distingue siempre entre corto, medio y largo plazo

Sin objetivos, ¿cómo puedes gestionar bien el tiempo? Una vez que ya sabes y tienes clara la distribución de tareas semanales, es el momento de señalar tus objetivos. Divide y vencerás: las tareas más complejas, como los trabajos extensos, se deben partir en tareas menos complejas que tendrán un plazo más corto.

Otras tareas son más inmediatas y se planificarán para una determinada fecha, sin más. Pero la clave del éxito es tan sencilla como lo hemos expresado: divide y vencerás.

Anticípate a todo

¿Puedes adelantar algo en alguna asignatura? ¿Hay alguna recomendación específica para una asignatura, como prepararse un tema antes de una determinada clase, leer un texto, visualizar una charla? Tenlo claro y hazlo, sin dudarlo, antes de dicha clase. La preparación previa de una clase ayuda a aprovechar mucho mejor el tiempo, y a asimilar los conceptos más importantes de la sesión.

 

Aprende a priorizar con eficacia

Las prioridades son tus amigas porque te ayudan a decidir de antemano los tiempos y la duración del estudio. Suele ser eficaz dedicar tiempo a las tareas más complejas en el momento del día en que tienes más energías y te sientes realmente productivo. Hay personas que rinden mejor a primera hora de la mañana; otras a última hora de la tarde. Conocerte bien te ayudará a priorizar sabiamente.

 

Fija horarios en base a tus prioridades

Dependiendo de cómo hayas fijado las prioridades, diseña unos horarios de estudio más o menos fijos para aprovechar tus capacidades, y trata de seguirlo siempre. Así, la rutina fija y regular te ayudará a cambiar el chip al estudio más rápido, y terminar convirtiéndolo en un hábito. Eso sí, con el tiempo es muy probable que tengas que ir afinando estos horarios: sé flexible.

 

Estudia intensamente durante espacios cortos de tiempo

Darse un atracón de estudio es sinónimo de fracaso. Tu capacidad de concentración no es fija durante todo el día y, por supuesto, no siempre es máxima. Por eso es inteligente aprovechar los momentos de mayor productividad para asimilar los contenidos más complejos, y crear ventanas de estudio. Esto es, períodos productivos de aproximadamente una hora, como máximo, tras los que debes descansar bien.

El buen descanso es fundamental para consolidar conocimientos

Los conocimientos se asientan tras los períodos de estudio, así que el descanso posterior no sólo es importante, sino crítico para estudiar mejor. Ya sea dando un paseo, durmiendo una breve siesta o haciendo alguna tarea ajena al estudio, apartar la mente de los contenidos que estamos estudiando consigue que esos conocimientos se graben mejor en nuestra memoria.

Dormir ocho horas, aproximadamente (podemos dejarlo en dormir bien cada noche), tener horarios regulares y mantener una alimentación equilibrada son otras claves para estar en las mejores condiciones para el estudio.

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